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CAGED

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Sos como una jaula vacía, queriendo ser dueña hasta del aire que la atraviesa. Intentando abarrotar a cada especie que cree que le pertenece. Disfrutas pensar que sos guardián del mundo, que todo es más pequeño que vos, que nada puede superarte. Magnánimo e inclemente, intentando intervenir sobre el cauce de la vida, decidir sobre lo que nunca te pertenecerá. Estás vacío, porque no guardas el universo. Solo contenés las piezas rotas de un pasado irreconciliable y lo único que te alimenta, el rencor. Podés imaginar que proteges, pero quien cuida no encarcela. Y aunque nadie te lo dijo o no lo quieras ver, yo soy el viento que nunca podrás atrapar.

DÉRANGÉ

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Amas el diluvio. Disfrutas ver las incesantes gotas caer y luego reír de forma maníaca. Las infinitas y filosas perlas de tus fauces se deleitan ante el sufrimiento ajeno que mordisquean diligentemente. Te encantan las lágrimas en las nubes, los gritos de los truenos, el inclemente desquicio de los relámpagos. Te regodeas en los vociferantes y enceguecedores rayos, mientras con falaz inocencia te preguntas cuáles son las causas del interminable caos. Sí, desde tu océano de infelicidad, provocar una miseria recalcitrante te reconforta.

SINKING SOUL

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Inhalar. Exhalar. Las lágrimas se derraman por su angelical rostro y se mezclan con las gotas de la llovizna leve que se derrama por todo el lugar como si su llanto la hubiese invocado. Y otra vez. Inhalar. Exhalar. El aire en sus pulmones está viciado, de horror, de dolor, de furia. Su vista se nubla al igual que el cielo encapotado y asquerosamente gris. Sus ojos sin brillo, sin vida, observan con desprecio todo el lugar. Inhalar. Exhalar. Y los días de lluvia son bonitos cuando no estás roto, tan roto. Jadeos. Múltiples jadeos y el cuerpo contorsionándose de dolor. Cuando el daño emocional es tan fuerte que parece que no uno, sino dos equipos de rugby te patearon hasta el hartazgo. Fastidio. Cansancio. La marea le devuelve la mirada desde abajo. Se ríe de su desgracia, se burla de lo destrozado que está. Tormenta. Delirio. Y las olas se distinguen claramente desde el precipicio donde está parado. El agua...

LA DOLEUR EXQUISE

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Y otra vez, te extraño. La ansiedad me desvela y siento ese típico vacío en el estómago, el dolor en el pecho, lo insoportable de la existencia, la inseguridad del ser y no ser, la preocupación por un futuro que ni siquiera quiero tener. La cama a cada segundo se vuelve más fría que el anterior, la oscuridad se vuelve creciente en la habitación y se cierne sobre mí, la luz lunar que hace horas estaba, ahora brilla por su ausencia. Los pensamientos se arremolinan como un torbellino caótico de amargura recalcitrante. Otra noche que caigo al piso, de rodillas, y regresa el llanto que se precipita de forma dolorosa y con múltiples convulsiones. Puedo sentir mis dedos rasgándome el pecho intentando que todo duela menos y a su vez mis manos desesperadas en un vano intento de contener mi lánguido cuerpo que quiere romperse en mil pedazos. Mi garganta crepita en un llanto ahogado y silencioso, como mis sueños, mis emociones, mis expectativas y donde lo único que se mantiene a flote...

IMPASSE

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“In the presence of real tragedy you feel neither pain nor joy nor hatred, only a sense of enormous space and time suspended, the great doors open to black eternity, the rising across the terrible field of that enormous, unanswerable question.” La cabeza estaba sobre sus brazos, los cuales se encontraban apoyados sobre la fría mesa. Los cabellos desgreñados, las ojeras alrededor de sus cansados e hinchados ojos, el rímel corrido de tanto llorar. Siete de la mañana del lunes y él no había llegado. Agudizó el oído, a lo lejos pudo escuchar el sonido insoportable del reloj, la canilla otra vez rota con su goteo intermitente, el murmullo casi silencioso del viento chocando contra la puerta. Afuera los truenos que tanto la asustaban, el ladrido de los perros del vecino, los autos circulando. Ni una señal que indicara su regreso. El día era frío, lluvioso y deprimente, como su estado en esos momentos. Tomó el encendedor y encendió uno de los pocos cigarrillos que quedaban e...

IDEALIZAR

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Te vi, ojeando tranquilamente las páginas de un libro. La tenue luz del día nublado dificultaba la lectura que intentabas llevar a través de los cristales de tus lentes. Mirabas el reloj cada dos segundos. Tal vez calculando el tiempo que te faltaba para llegar a destino, los minutos que te quedaban de hipnotizante lectura o (quizás) descifrando una tardanza inminente que te crispaba los nervios. Me perdí en cómo tu figura llena de luz y color contrastaba con la tétrica penumbra que reinaba en el exterior. Nos encontrábamos en el típico momento que antecede a la tormenta. La oscuridad previa a una predecible precipitación que se da en un día de agotador calor y asfixiante humedad. En fin, mirando(te) desde el otro colectivo, en ese minuto eterno del semáforo en rojo, pude apreciar muchas cosas. Casi las mismas que puede notar un francotirador apostado en el techo inestable de lo que fue una humilde casa situada sobre un territorio en guerra. La ridiculez usual de mis pensamien...

CONFUSION

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La tenue luz lunar iluminaba de forma escasa la solitaria calle. Solitaria como el frágil ente que deambulaba alrededor. Sin alma, el autómata recorría el pavimento casi a rastras. Era imposible descifrar cómo se mantenía en pie, pero lo hacía y de esa forma, provocaba lástima a los sauces que ya no lloraban por ellos sino por la desolada criatura que casualmente pasaba por su lado. En fin, faltaban horas para el alba y el deprimente ser, casi inexistente, seguía marchitando todo aquello que se encontraba a su paso. El viento, con furia, levantó viles ráfagas para derrumbar a ese extraño conjunto de vísceras, pero no pudo, parecía de plomo. La lluvia, en un considerable diluvio, intentó sumar fuerzas para terminar con la ridícula existencia de ese penoso cuerpo. Los rayos, electrificaron el agua que comenzaba a acumularse, pero aun así, esa criatura, continuaba su camino a contra viento, bajo el electrizante diluvio, entre los autos que chillaban con sus alarmas intermitentes,...

TRAGEDIA NOCTURNA

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        Pensaba en vos mientras observaba el oscuro paisaje a través de la ventana. El pacífico ruido del mar llegaba hasta mis oídos, una marea invisible tapada por la alunar noche. El horizonte era indistinguible en esa negrura nocturna y tanto mar como cielo se unían en el invisible panorama. El “destino” me había traído hasta acá o vos, o yo, no sé. Mi opinión sobre el tema sigue indefinida como el horizonte y como mis sentimientos (o como los tuyos). Nunca sé nada, la indecisión me nubla como la densa bruma que copa las calles los fríos días de invierno a las seis de la mañana. Difusa, me encuentro en la habitación de un humilde hostal cuya herrumbrosa cama rechina ante el mínimo movimiento. Divago, los pensamientos se agolpan en mi cabeza y se esparcen como el vapor de la ducha cuya agua está a punto de hervir cada centímetro de mi piel. No sé quién soy, no sé qué hago acá y por más que lo intente mi mente se ocupa de no ocuparse. A veces pienso que e...

INSIGNIFICANCIA UNIVERSAL

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Si te lo digo es así y no me interesa tu opinión sentimental. Tu mirada compasiva y ese innecesario espíritu combativo no sirven conmigo o con vos, porque todos somos uno aunque seamos tan distintos. Una unidad con engranajes diferentes que se encargan de funcionar en perfecta sincronía, pero aunque sea de esta manera no me siento parte de ellos. Ellos se dedican a servirme a mí y no, no me acuses de soberbia porque bien sabés que tengo razón. Tus ojos buscando redención no me conmueven, porque lo que digo es lo que realmente te sirve cuando tus impulsos te poseen y tu cuerpo se bambolea sin control ni dirección. No me creas, mirá para otro lado si querés o si quiero. Sí, si quiero. Soy así con todos y todos tienen la misma actitud estúpida y renuente. Ridícula, mirame cuando te hablo. ¿Quién pensas que nombró todo lo que conocés?, ¿quién te pensas que logró todo lo que hoy está a tu alcance? Salí, cuando te des cuenta me vas a necesitar. Aunque no lo creas yo decidí ser quie...

LAPSO

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Doy vueltas en todo momento, ni un descanso, nada. El alborotado cabello me cae sobre la frente, paso la mano rápidamente sobre los asimétricos mechones y luego por mis ojos que tienen las ojeras más grandes que podés imaginar. Nunca paro, nunca. La barba de días es habitual, al igual que la ropa desarreglada y la taza de café en mano. Si hablamos de la delgadez puedo decir que tampoco me alimento seguido, ¿puedo ir más lento? Sí, pero eso está en vos, todo es relativo la verdad. Qué frase de mierda. Por ahí me río de lo que digo aunque es probable que ya sea por cansancio. Quiero acostarme a tu lado pero veo que salís corriendo… llegas tarde al trabajo. Saco un ibuprofeno del bolsillo con parsimonia aunque lo tomo a las corridas. Me causa gracia la contraposición de estas acciones. Te iba a seguir aunque me parece (no, estoy seguro) de que ya perdiste el tren. Es ridículo que corras pero por lo menos lo intentas. Tiene sentido. Salgo corriendo hacia la estación, subo los cu...

VORÁGINE

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Vorágine nombre femenino 1 . Remolino de gran fuerza e intensidad que se forma en el mar u otra extensión de agua por la acción del viento o las corrientes. 2 . Mezcla de sentimientos muy intensos que se manifiestan de forma desenfrenada. Abrí los ojos con dificultad ante el manto blanquecino que cubría el cielo, el movimiento allí arriba era casi imperceptible. Qué mentira. Uno imaginaba que podía tirarse en ese paraíso de nubes esponjosas y rebotaría cual resorte sobre esos trozos inmensos de algodón y no, solo eran partículas finas de agua suspendidas en la atmósfera que te dejarían caer sin dificultad. Al parecer, el mundo no está pensando para ser como lo vemos, el cerebro siempre lo interpretará a su manera. Bastante resignada comencé a mover los brazos por el césped sobre el que me encontraba, para así sentir el inexplicable placer de ese pequeño hormigueo en las yemas de los dedos. El estar en contacto con la tierra y percibirla con cada uno de los sentidos...

LOCURA ABISMAL

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Observé el suelo con indignación. La tierra comenzaba a ensuciar los zapatos que me costó tanto limpiar. El estar tan cerca del abismo y con los pies apoyados sobre el frágil saliente hizo que notara cómo caían las pequeñas rocas en ese precipicio. No tenía fondo (o eso parecía) y la inmensidad se veía negra, tan oscura como las alas de un cuervo. Parecía infinito, por lo que no quise imaginar cómo sería una caída a tan larga distancia. Pensé en una muerte aérea: tantos serían los minutos en el aire antes de llegar al suelo que no sentirías el duro impacto y los huesos quebrándose, haciendo bailar al cuerpo en una danza rota e inarticulada. Te vi del otro lado, el trecho que nos separaba me hizo extrañarte. Tu esencia, tu aroma, el inmaculado tacto de las yemas de tus dedos sobre mi espalda. Me estremecí, cerré los ojos y suspiré casi resignada, parecía imposible de cruzar. Los cien metros de longitud y el vacío incalculable, hicieron que recuerde que lo único que necesita...